SALTA ESTÁ FUERA DE QUICIO
Por: Jorge Villazón
Así como las grandes puertas y portones se aseguraban a los marcos por medio de un espigón que calzaba en el hueco llamado quicio y, ante un antinatural movimiento violento o no, se salían y quedaban fuera del mismo en condiciones que distaban de su uso natural; actualmente la situación política en Salta se puede considerar “fuera de quicio”.
Después de más de 12 años de una conducción única, férrea e indiscutida del liderazgo en lo político, administrativo, económico, social, cultural y periodístico de parte del ex Gobernador Juan Carlos Romero y ante el abandono que el mismo hizo en el presente de su participación e influencia, la provincia transita un tiempo de convulsiones propio de lo que significa haber violentado esta salida y alterado el curso natural y arreglado de tantos años.
Están fuera de orden y estado natural los nuevos alineamientos políticos, están exasperados y al borde de la pérdida del tino los dirigentes de esos espacios y esto repercute desorientando al conjunto. La nueva conducción administrativa y política que encarna Juan Manuel Urtubey difiere en estilo, intencionalidad y manifestación, pero aún es novedosa y se materializa en medio de una desorientación muy semejante a la parábola del “hormiguero pateado” que nos dejó para siempre “El Cuchi” Leguizamón como imagen de aquello que parece ser un caos y es sólo el efecto de lo inesperado que anticipa el nuevo orden.
Podemos decir que Romero se aleja violentado porque primero afrontó la impensada derrota de su designado candidato de sucesión ante el sorprendente “Juancito”, menospreciado en cualquiera de las especulaciones electorales de aquel momento y hoy, a la hora de la posibilidad de recuperación del poder perdido, las denuncias formales de corrupción de su gobierno, así como la convulsión y diáspora de su espacio político nacional, lo han dejado en las cercanías de la anécdota y camino a ser historia. Ni siquiera pudo generar una leyenda que lo colocara en expectativa.
Los dirigentes políticos que nunca fueron otra cosa que conducidos sin consulta ni posibilidad de objeción o duda, tratan de resolver sus destinos aferrándose a la primera propuesta de continuidad para sus prerrogativas en riesgo. No preguntan qué hay que hacer sino quién paga los gastos.
El universo económico, social, cultural y periodístico se apronta con temor ante la incertidumbre y se angustia con cobardía ante la duda por no haber hecho demasiado en contra de lo establecido y reconociendo lo poco que se hizo a favor de lo que se establece como una nueva oportunidad.
El Pueblo, aquella permanente presencia inefable que no se altera pero sabe de su inexorable condición de destinatario de todas las consecuencias que para bien o para mal le llegarán a sus vidas, observa y se espanta. Lo que históricamente ha llegado para bien resulta escaso ante los males reiterados.
Es difícil entender todos los escenarios del presente, porque también nos resultó complicado entender el pasado cuando fue presente. Nuestra obligación es vislumbrar el futuro y jugar a favor de lo venturoso, esquivando el caos de los impresentables, combatiendo a los indeseables y denunciando a los corruptos que abusaron de nuestra ingenuidad y de nuestras esperanzas legítimas. En medio de la realidad de una provincia “salida del quicio”, recordemos que lo primero que hay que evitar es la primacía de la pasión ante la razón, esta vez nadie puede volver a jugar con las alforjas, porque allí están los tesoros del kolla. Resolvamos con certeza lo de abril y así llegaremos con la tranquilidad de la “casa en orden” frente al desafío de octubre. Para ese entonces Salta ya no estará “fuera de quicio” y eso legitimará nuestro aporte y nuestra propuesta nacional.
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