En Salta comenzó la campaña electoral. Para un sistema democrático de gobierno es algo prematuro, ya que la gestióndel doctor Juan Manuel Urtubey lleva apenas 33 de los 48 meses que durará su mandato.
La democracia se supone como “poder del pueblo”, pero en la práctica se producen distorsiones y la campañaelectoral suele convertirse en pelea por el poder entre facciones, grupos o elites.
La actual campaña fue lanzada de hecho, aunque ningún rito la haya formalizado, y se va poniendo en práctica lo peorde la política. No se discute qué se quiere hacer con la provincia o con cada municipio, sino que se intenta destruir al adversario, real o imaginario. De esa manera salen al ruedo las miserias más nocivas para la convivencia política enel seno de la sociedad. Así, por ejemplo, ganan pantalla los advenedizos que, a través del escándalo, buscan espacios que no conseguirían nunca con buenas artes. Al mismo tiempo, proliferan los extorsionadores profesionales, especializados en financiar sus emprendimientos radios, publicaciones impresas, programas televisivos y, por qué no, turísticos, inmobiliarios y rurales - con los dineros y las prebendas originados en el erario público.
En casi 27 años de democracia, Salta ha recorrido un camino ascendente y eso se debe, entre otras cosas, a que pudo mantener equilibrio institucional y a que los gobernadores completaron sus mandatos, sin intervenciones nidestituciones.
Escándalos no faltaron. La corrupción es un mal que afecta a todos los gobiernos y de ella no se salva ni el Vaticano, pero regodearse en el escándalo para hacer política no sólo es malo para la política misma, sino que se convierte en bumerang.
Hace pocos días, un diputado provincial con historia breve y alquilada lanzó una denuncia de corrupción en una operación inmobiliaria, una acusación jurídicamente insostenible como lo evidencia la misma promoción de acción penal-pero con efectos escandalosos. Es la herramienta que eligió para intentar convertirse en candidato para laintendencia de Salta. A pesar de que ese escándalo involucra a un ministro del actual Gobierno provincial, numerosas voces del oficialismo se sumaron a la campaña oportunista e, incluso, la llevaron a la Legislatura. Es el ejemplo típicode lo que tradicionalmente se denomina “política de la cochambre”; esta palabra significa “suciedad, cosa grasienta yde mal olor”.
También, algún ex vice de un Gobierno que consideraba “inviable” a Salta se presenta ahora como consejero acerca delo que se hace o se deja de hacer.
Salta tiene demasiado de bueno, en su pasado, su presente y su futuro, como para andar destapando cloacas. Si laJusticia tiene algo que hacer y decir, que lo haga, pero que la política no intente manipular al tribunal.
La aparición en los medios de comunicación de un denunciador hasta hace poco desconocido se sumó al escándalo. Quienes lo convocaron prefirieron obviar su currículum, que incluye más de 50 causas penales por delitos de diversalaya, incluido el homicidio. Que ese personaje haya compartido espacio en un mediocre programa televisivo con figurasdecisivas de nuestra política marca el tenor de esta incipiente campaña que amenaza con trastocar la convivencia delos salteños.
Los actos de corrupción deben ser castigados por la Justicia. Este es un principio insoslayable de la república. Pero usar las denuncias para hacer política es una forma de corrupción, especialmente cuando se usa a los ilícitos supuestos o reales-en un instrumento de extorsión para descalificar a los opositores. Cuatro décadas extorsionando por radio no legitiman a nadie como periodista, sino que lo muestran como un corrupto. Todo gobierno, pasado o presente, ofrece flancos para la denuncia ya sea por lo que hace o por lo que deja de hacer. La cochambre política, justamente, consiste en la generalización de la sospecha. Pero una atmósfera de sospechas es antidemocrática. Dehecho, todas las encuestas revelan que el grueso de la ciudadanía se siente ajeno a ese tipo de guerra de denuncias, que son la comidilla de semanarios de circulación muy reducida y de programas de baja audiencia.
Esa ciudadanía, que se preocupa por el trabajo, la seguridad, la educación y la salud, suele asquearse por las denuncias cruzadas que convierten al debate público en un “reality” bizarro y termina descreyendo de la democracia y de la política.
Esto, obviamente, no interesa a los profesionales de la extorsión quienes, a diferencia de los funcionarios, rara vezdeben rendir cuenta ante los tribunales sobre el origen de sus fortunas.
Además de las denuncias, hoy existen señales muy claras del lanzamiento de campaña. El gobernador Urtubey y eldiputado Alfredo Olmedo ya anunciaron sus candidaturas para 2011. Otros sectores de la oposición comienzan a posicionarse organizando sus estructuras políticas. Si hablan del proyecto concreto para el desarrollo agropecuario, industrial y minero de Salta; de las iniciativas para terminar con la exclusión y el desempleo; de los programas de obras públicas para asegurar transporte y comunicaciones en todo el territorio de la provincia, enhorabuena. Si todo va a reducirse a denuncias de negociados y contubernios, los salteños nos veremos envueltos en peleas mezquinas entre intereses ajenos al conjunto de la comunidad.
El Tribuno ha atravesado en su historia momentos mucho más difíciles que el actual. Como diario, debimos soportar elavasallamiento de dictaduras y las presiones de algunos gobiernos democráticos. Fueron experiencias que nos fortalecieron. Podemos afirmar con orgullo que hemos contribuido a la paz social y a la construcción del presente deSalta, porque jamás nos dejamos llevar por campañas infames. Hemos cometido errores, es cierto, pero siempre pusimos todo nuestro esfuerzo al servicio de la grandeza de la provincia.
ACLARACIÓN: Al momento de la publicación del artículo relacionado con esta nota, la misma había sido modificada. No obstante, la versión original se puede leer en “caché” mediante el siguiente vínculo:
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